jueves, 31 de mayo de 2012

Lo que Rayuela taladra

                                           



"La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libro-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores a fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a la tinta de imprenta acaba con la alegría del ajo."

"Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.

Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella.

Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua."


Rayuela - Julio Cortázar
(fragmentos)




(y es que soy tan Maga de tus anhelos y a la vez tan lejana de tus miedos mismos. Me desespera, me angustia, me incita a crear un París con todo lo que llevan tus labios y lo que el pasado deja con ellos. Un panorama a media noche, una sonrisa resuelta, el sentir de nuevo, el encanto de volver a creer.)

sábado, 12 de mayo de 2012

La micro de la esperanza

 



Luego de un retorcijón interior, la muchacha configuraba una relación coherente entre todo lo sucedido aquel día. Lo hizo apenas las puertas del metro se cerraban tras su paso y mientras su mirada distraída buscaba algún rincón de refugio. No iría a pasar que entre tanta sorpresa y emociones encontradas se desvaneciera de pronto al frenar el tren subterráneo.
Aunque sabía muy bien que ni en el peor de los casos ocurriría tal cosa. El porsiacaso siempre funciona bien.

"Rasgos finos, la misma historia, ¡tres veces! ¿no era que la tercera era la vencida? esto no puede estar ocurriendo. ¿Es que siempre aparezco tarde? ¿Qué ocurre que las cosas confabulan en mi contra?. El ir con un propósito y llegar con otro. 'The same old fears', canción maldita. 'Sigues dando vueltas en mi cabeza' Oh maldita canción. ¡Otra vez!. Veremos películas mamonas all night long. ¿O espero?. NO. No otra vez. He ahí el verdadero por qué."

Es curioso como la mente trabaja a mil por hora mientras las estaciones pasan más deprisa que nunca. Es la relatividad del tiempo lo que puede explicar esos fenómenos, más ciertamente poco y nada le importaba ese asunto a la mujercita de pensamientos fugaces.

Con la mirada perdida y una canción pegajosa resonando en su cabeza, se fue rauda y con más ansias que nunca a tomarse un café cerca del terminal de buses. Bueno, un café y un quequito para ser exactos.
Sacó sus monedas mientras el frío del atardecer le quemaba un poco la nariz, y viendo que la micro más próxima se disponía a partir, apresuró el paso e hizo una disimulada seña al chofer para que la esperara.

Una micro casi llena que dejaba entrever un par de asientos disponibles casi al final de ésta, y uno vacío al comienzo. Las maletas de los suboficiales estorbaban el pasillo así que optó por acomodarse en el primer asiento, con su café y su quequito.

- Sírvase con confianza no más!
- Gracias - respondió riendo
- ¿Usted trabaja o anda de paseo?
- jajaja no, yo estudio. Ahora ando de paseo
- Está bien que usted estudie, hoy en día uno sin estudio no puede surgir. Yo llegué a quinto básico, algo de estudios tengo, aunque por ese tiempo las cosas eran más difíciles. ¡No les digo yo a mis hijos que estudien! Si mi hija, la mayor, esperó trece años y ahora recién está sacando primero y segundo medio, no le digo yo que es necesario, y mire que le ha ido tan bien! es una de las mejores del curso, le van a dar una beca y así podrá terminar tercero y cuarto. Pero oh qué le costó entender pa qué significaba todo esto! pucha que le costó. 
- Si pues, es bueno que la gente estudie y se eduque, a uno se le abren muchas puertas...
- Si, se le abren toditas estas puertas - y abrió y cerró la palma de su mano derecha repetidas veces mientras ladeaba la mirada hacia la ventana - Yo ahora vengo del hospital... no me acuerdo cómo se llama, pero ese que queda en la Estación Central. Andaba viendo a mi viejita....
- ¿Está enferma?
- Mi viejita está en coma hace cinco años... le dio un coma diabético - y su cara dejó ver un amago de sonrisa triste - Yo le decía que dejara de comer tanta cosa dulce, pero... bueno, yo la apoyo en todo, ¿sabe?, no hay día que no la haya ido a ver. 
- ¿Usted ora?
- Siiii pues, ¡todos los días! ¡no sabe na que mi viejita era tan linda! Tenía descendencia francesa. Es rubiecita, de ojos verdes. Hasta el día de hoy mis amigos me preguntan cómo la conquisté - y su cara de canchero le dio un poco de risa a la niña.
- Usted se las trae entonces
- ¡Si al final lo que importa es lo de adentro! yo la conquisté a pura humildad, mijita. Yo era cartonero, pero pucha que hice malabares, hasta que me tomó en cuenta.- y se rió - Ahora tengo que ir a trabajar a la plaza de Maipú, todo sea por ella, pa pagarle el tratamiento. ¿No la estoy aburriendo?
- Jajajaja, ¡no! me gusta escucharlo
- Gracias. ¿Dónde se baja usted?
- Un paradero después del cruce de Padre Hurtado, ¿y usted?
- En este paradero. ¿Me da permiso?

Y el caballero se aproximó a la cabina del chofer para pedir que lo dejase en tal parada. Mientras se abrían las puertas, dirigió su mirada a la muchacha, quien se tomaba lentamente el café, y le dijo con honestidad y alegría propias de un hombre como él:

- Gracias por escucharme, señorita. Que Dios la bendiga.
- De nada, ¡un gusto!

Y el señor se bajó.
Y aunque la joven no supo en todo ese trayecto su nombre, lo cierto es que su historia la conmovió hasta lo más profundo. Habían encajado ciertas piezas y en todo ese día, se sintió viva de nuevo. Viva como siempre supo que estaba hasta que alguien se lo recordó de una forma no tan convencional.






domingo, 6 de mayo de 2012

Sembrando en el mar

 

Quién lanza primero? piedras han de sobrar. Mira el ojo ciego, el que juzga se escuda en su propia maldad. 

Te he visto atacando dormida, dormir puede ser una parte de olvidar

Quién corta el aire para que pueda entrar? fe en los extremos, para que sirva de algo dañar.
Te he visto jadeando dormida, dormir puede ser una parte de olvidar.

Quién puede ser la víctima sin ser victimario? secreto calvario, sé resumir: el que juzga se escuda y debe dañar.
Te he visto morderme el alma... morder puede ser un intento de escapar.
 

Me dejé engañar cuando estaba sembrando en el mar... y al rescatar cada gota, dejé de flotar.
Tan profundo fui, no me puedes ver. Así te pude atrapar, cosechando en el mar...


Sembrando en el mar - Lucybell.

martes, 1 de mayo de 2012

Le ruego irse para siempre



Ayer volví a soñar contigo. Por muy romántico y poético que suene, lo cierto es que de eso tiene muy poco. Es más, es tal la angustia que provoca, que más se asemeja a una pesadilla cruel, que retorcija hasta lo más íntimo, que a una historia digna de testimoniar.
Y es que tu recuerdo lo asumía como olvidado, y viene aquí periódicamente a darme un mensaje oculto que no descifro ni me esfuerzo en descifrar. Una vieja historia de hace más de año y medio, hará ya. Si, asumo que me costó asumir ciertos asuntos y detenerme a pensar también mis propios errores, más no creí nunca que pasado ya el tiempo antes mencionado seguirías apareciéndote como una sombra inerte que me explica lo que en su presente ansié en escuchar. No, hoy no estoy para excusas. No, hoy es tiempo de olvido permanente y eso no sucede y comienza el torbellino de recuerdos que más duelen que alientan.
Pensando en lo onírico de mi situación, cambiaba el menú de canciones cada cierto instante buscando algún recuerdo musical de tu corta pero intensa existencia, algo que me llevara a la memoria tus viejos gestos inexistentes, tus dulces palabras que se transformaron en amargos brebajes, tu recuerdo físico que ya de tanto sin verte he de olvidar. Pero aún hay algo pendiente, lo sé. No he soñado en vano, me digo, todas esas tonterías que prefiero obviar. Yo y mis contradicciones. Mis contradicciones y yo. Somos personajes ilustres en los miles de porrazos que me doy, y mi fuerte cuando he de argumentar lo absurdo.


Ayer te volviste nítido otra vez, cual fotografía tomase de tus claras facciones, y sentándome yo a tu lado comencé a oír tu discurso en un jardín de flores. Jamás habría de mostrar ni mi más mínima debilidad ante ti, jamás habría de parecer sumisa a lo que alguna vez reinó mis sentimientos. Pero era ahí la escena entre magnífica/cruel de mis lágrimas y mis sonrisas torcidas, como si de pronto algo en el universo me hubiese oído y tú llegases en tu carruaje metálico sólo a despedirte por última vez. No más remordimientos, no más vueltas de tuerca, no más corazones rotos. Eras sólo tú y tu superficial inocencia que me hizo caer en tiempos pasados, pensando en que mi carácter podría fortalecer el tuyo. Y no fue así. Fue todo lo contrario.


Ahora te apareces como quien ha sido dueño de presagios y señales y te vas, te vas hasta de mis sueños con una facilidad digna de admirarla, mientras en aquella calle de hoy veía como con letras de fuego la señalética de tu casa de estudios se tallaba fuerte en mi subconsciente y me hacía rememorar escenas vívidas del mundo onírico que ahora relato.


Y relato para deshacerme de ti, para no volver a cruzarme con cualquiera que sea tu esencia, para creer que por fin ha sido superado todo este asunto y volver a ese lugar con una sonrisa honesta y no con ganas de sacarte en cara los logros que quizás no pudiste obtener y ahora (teóricamente hablando) he de poseerlos yo.

Con la espina en el dorso

El desayuno nos reunió a todas y a cada una de nuestras historias que quedaban en el tintero de la copucha grupal y estaban en su punto justo de ser contadas. O actualizadas.










La cumpleañera no conocía lo que había ocurrido con el muchacho de ojos diáfanos, ni un sólo detalle frente a una playa impregnada de olor a alcohol y melón, así que me senté cómoda, me tomé un sorbo de té y comencé mi relato tratando de recordar detalles de lo sucedido.
Hasta que me detuve en el pequeño detalle del amor propio que la gente no se tiene, y del cuál este simpático personaje no se escaparía. Medité, apoyé mi mejilla en mi mano derecha y sumergí un trozo de galleta mordida  , de forma pacífica, como quien no quiere que entre más agua al bote.
Al cabo de un momento, no pude más que recordarlo como algo efímero, y volteando mi cabeza a donde se encontraba mi amiga le dije con un tono entre melancólico y tristón:
- Él era muy lindo.
Más allá de cualquier respuesta banal que esperase algún individuo, mi amiga detiene tu sorbo de café y mirando el fondo de la taza me dice:
- Más que lindo, era distinto. Por eso te gustaba.


He ahí la razón de todo. He ahí el por qué te consideré tan especial.